

La huerta de la abuela Conchita
En 1986, la abuela Conchita abrió las puertas de su huerta a orillas del Mediterráneo. Cuarenta años después, el camping sigue siendo eso: un jardín de sombras densas, caminos de grava y buganvillas, a dos pasos del mar y en el corazón de Castell de Ferro.
Aquí no hay piscina: hay una puerta que da directamente a la playa. Hoy lo cuida su nieto Miguel con el mismo ambiente de siempre, el de los vecinos que vuelven cada invierno y las familias que descubren el camping por primera vez.

















